Luego ese guión se abandona cuando se llega al rodaje, “que es que un viaje, una excursión”, se redescubre el mundo y se localiza el “átomo dramático”. Este átomo es el mínimo sintagma de realidad, a partir del cual el realizador armará sus frases y por último su poética visión sobre esa realidad. Porque está claro para Guzmán, que la discusión objetividad/subjetividad, no sólo está superada, sino que no es productiva. El documentalista asume su postura ante la realidad que retrata. Algo obvio en toda la producción del director chileno.
No faltaron las preguntas de los escuchas a propósito de la ética (respeto por la persona entrevistada), la responsabilidad del documentalista (a lo que Guzmán respondió “La máxima responsabilidad de un artista es ser creativo”), el impacto de las nuevas tecnologías (Más ventajas que desventajas, pero éstas las tiene), y claro está; comentarios de Guzmán a propósito de su último filme, presente en el Bafici, La Nostalgia de la Luz.
Un encuentro marcado no sólo por la sapiencia del realizador, sino también por un carisma y una claridad en el oficio, que en tiempos como este, uno no debe desperdiciar.